Hablar de independencia financiera y de la correcta administración del dinero va más allá de solo contar el efectivo que llega a nuestras manos. Temas como la planificación de los ingresos y gastos, la correcta interpretación de la planilla de pago, el uso de las cuentas compartidas y el control de las emociones a la hora de realizar una compra, influirá en nuestra salud financiera personal o familiar, presente o futura.
Autonomía financiera: aprender a manejar los gastos fijos y variables
Debemos saber diferenciar entre los gastos fijos que tenemos que saldar mes a mes (como el alquiler, los recibos de servicios básicos, la compra de alimentos o el pago de la educación) y los gastos variables o no planificados que muchas veces podríamos evitar (como “un gustito”, “unas merecidas vacaciones” o los llamados gastos hormiga). Esto es la base para comprender de forma simple la situación real de nuestras finanzas.
Una manera muy sencilla para controlarlos es elaborar un presupuesto o una hoja de cálculo que incluya el monto neto que hemos recibido, para luego ir restando todos los gastos fijos (detallados por rubro y monto a pagar), algunos gastos variables medianamente planificados y el monto destinado al ahorro, en el caso de tener sobrantes después de realizada la operación final.
Además, existen consejos básicos que puedes tener para no sobregirar tu presupuesto, como eliminar los gastos realmente innecesarios, evitar adquirir más deudas de las que podemos asumir, establecer metas financieras a mediano y largo plazo, comparar precios, buscar cuentas de ahorro con buenos rendimientos o la conocida fórmula del “50, 30, 20”, donde podamos planificar el 50% del salario para gastos fijos, el 30% para gastos variables y el 20% para ahorro o presupuesto de emergencia.
Atención al detalle: aprende a leer tu boleta de pago
Revisar la boleta de pago es mucho más que solo verificar que coincida la cantidad fijada como salario mensual con el monto que depositaron en el banco, no debemos olvidar que este documento entregado por el empleador es un mapa que detalla los ingresos y descuentos de cada trabajador y que puede ayudarte a detectar horas extras o bonos omitidos, descuentos duplicados o cálculos incorrectos.
Cada boleta tiene 4 elementos clave que debes revisar a detalle:
- La identificación: con el nombre de la empresa, el nombre del trabajador, el cargo desempeñado y el período de tiempo pagado.
- Los ingresos: con el salario base, las horas extra, las comisiones, los bonos y otros pagos en caso de tener el beneficio.
- Los descuentos: como ahorro de pensiones, seguro social, impuesto sobre la renta y otras deducciones autorizadas.
- El salario neto: con la cantidad final a pagar, que a su vez debe ser coincidente con el depósito recibido.
No se debe olvidar que la boleta suele dividirse en uno o dos pagos (dependiendo del acuerdo con el empleador), por lo que es importante guardar ambas boletas, verificarlas y sumarlas, antes de sacar cualquier conclusión.
¿Qué se hizo mi dinero?
Proteger el patrimonio actual o futuro de una mujer trabajadora es más fácil cuando únicamente se administran cuentas personales, porque conocer el tipo de cuenta, las comisiones o revisar el saldo y estados de cuenta suele bastar para tener control sobre ellas, ¿pero qué aspectos debo tomar en cuenta para el manejo de una cuenta compartida?
En primer lugar, se recomienda tener una persona de absoluta confianza que no solo comparta el dinero, sino también las responsabilidades. También, tener volúmenes de gasto y metas fijas para incrementar el monto ahorrado, tener claro quién puede sacar el dinero y en qué circunstancias, activar las notificaciones de las transacciones realizadas y monitorear regularmente la cuenta y hasta tener planes de contingencia en caso de separación, como la forma de dividir los fondos o cerrar la cuenta de ser necesario.
Aunque las formas más comunes de sabotear nuestro patrimonio no suele venir siempre por terceras personas, sino por todas aquellas compras impulsivas o gastos emocionales que realizamos para satisfacer nuestros sentimientos de ansiedad, culpa, nostalgia, recompensa, pertenencia o hasta presión social que llevan al cerebro a pensar antes en la gratificación inmediata que en la planificación financiera.
Por eso, es útil preguntarnos: “¿qué siento y por qué quiero este artículo?”. Podemos igualmente detener la compra inmediata y preguntarnos al siguiente día: “¿realmente necesito esto?”. Otro tip clave es reducir la exposición a los estímulos digitales, porque entre menos promociones, menos deseos de compra. Es recomendable definir presupuestos destinados a temporalidades o gastos emocionales para poder celebrar victorias o fechas especiales sin comprometer las obligaciones.
Y así, al final de todo, lo importante es no olvidar que la verdadera autonomía financiera no depende de vivir limitados, sino de planificar nuestras finanzas personales de tal manera que tengamos el control presente y futuro del dinero que tenemos en nuestras manos.

